De anteojos y pasiones: Una entrevista con el Dr. York. (Entrevista original publicada en la revista Santos Idiotas).
Crónica y entrevista realizada para la revista Santos Idiotas.
La lluvia ha sumido otra vez a la ciudad de México en un caos aparentemente infranqueable: gotas frías se precipitan sobre esta ciudad gris, mojando todo a su paso y ocasionando que se forme un mar de carros que se arremolina y que enloquece a casi todos. Yo voy en un camión, observando a través de la ventana un universo muy cercano pero que, mientras escucho música y pienso en varias cosas, se antoja bastante lejano del lugar en el que me encuentro: en dónde estoy? En Planeta Ensimismado, pensando en varios personajes que pueden parecer disímiles, acaso dispares unos entre otros: en Hunter S. Thompson (y, de paso, en Spider Jerusalem), en Kennedy, en Warhol, en Gandhi, en Tim Burton, en Keiji Haino y en otros que se me han olvidado y que ya no figuran en esta lista. Quizás algunos de ustedes –a estas alturas- ya se habrán dado cuenta del común denominador entre estos personajes: todos usaban (o usan, Burton y Haino siguen vivos) anteojos. Objetos que se convirtieron –en algunos casos en mayor medida, en otros en menor- en una parte casi inseparable de la imagen construida en torno a estos personajes. Si bien a veces me encuentro absorto en pensamientos como estos sin motivo aparente, en esta ocasión hay un motivo: voy de camino a realizar una entrevista en una anteojería sui generis situada en la Colonia Roma: Dr. York.
Me bajo del camión y camino unos cuántos metros hasta llegar a la anteojería, ubicada en Álvaro Obregón 187 (Local B). En ella me recibe Leny con una sonrisa franca. Tras saludarme me dice: “Ahorita que se desocupe el Dr. York empezamos con la entrevista. Quieres algo de tomar?”. Mientras tanto veo al Dr. York atender a un fan declarado de los anteojos que, por cómo está vestido, me recuerda a un no-erosionado-Keith Richards. Después de tomar un poco de agua y de platicar un rato con Leny (que es esposa del Dr. York y, entre otras cosas, es la encargada de relaciones públicas del lugar) percibo que el Dr. York se acerca a mí, toca mi hombro y me dice “Qué tal?”. Acto seguido estrecha mi mano y prosigue “En un momento estoy contigo” y es que el hombre que me recuerda a Keith Richards sigue diciendo cuáles son los tintes que quiere para las micas de cada uno de los armazones que ha llevado a la anteojería.
Después de un rato el Dr. York se desocupa y me invita a tomar asiento. A primera instancia puede antojarse como alguien serio: está vestido con traje y corbata. Sin embargo, a sabiendas de que hasta ahora todo son primeras impresiones y que las apariencias a veces engañan, los anteojos Ray Ban que lleva puestos lo alejan rápidamente de esa imagen de seriedad y me hacen pensar(lo) como una suerte de Walter Hopps. “Tuve chance de darle un vistazo rápido a su revista y me parece que está muy bien hecha” me dice y cuándo menos me doy cuenta, nuestra plática ya empezó y con ella, la entrevista. Pronto me doy cuenta de que, efectivamente, la imagen del Dr. York está más cercana a la de un joven Walter Hopps que a la de una persona muy seria.
Empieza diciéndome que entre sus grandes pasiones se encuentran la literatura, la música, la historia y los anteojos. Podría decirse que de la convergencia de esas pasiones y de esos intereses surge el concepto de la anteojería Dr. York. “La anteojería es una expresión honesta de lo que somos y de las cosas que nos gustan: me encanta la música y durante todo el día ponemos música que nos gusta, me encantan los anteojos, me gusta trabajar con la gente, me interesan los libros, estamos ubicados en un lugar tan padre y único como lo es la Roma… es un trabajo muy bonito”. Todo esto se hace evidente al entrar en la anteojería: una atmósfera propuesta no sólo por la presencia de una colección atípica de anteojos, sino por la convergencia que logran los libros, las fotos, los cuadros, los instrumentos de óptica, la música y las historias allí presentes.
La anteojería del Dr. York se inserta, desde cierta perspectiva, en una tradición familiar de ópticas (Ópticas York), sin embargo, lo que se vislumbra en este lugar es la reinterpretación que entre el Dr. York y Elena Orestano (Leny) han logrado respecto de dicha tradición. Llama mi atención cómo surgió la idea de traducir dicho concepto en la realidad: originalmente la anteojería iba a ser la primera tienda de la famosa marca Moscot fuera de Estados Unidos. Un breve contacto por parte del Dr. York a través de Twitter se traduciría en conocer, meses después, en New York al famoso Kenny Moscot y al poco tiempo en idear de manera conjunta el proyecto para establecer la primera tienda Moscot fuera de territorio estadounidense. Pero debido a la cualidad impredecible de la vida y a un cáncer imperdonable que acabó con la vida de Kenny Moscot, el proyecto nunca se vería concretado. No obstante, la semilla que había dado origen al deseo de realizar dicho proyecto ya se encontraba allí, lista para germinar. Hecho que me hizo pensar en cómo a veces, por más clisé que pueda parecer, puede haber un nacimiento a través de un hecho desafortunado (que en términos grandilocuentes sería: el nacimiento a través de la tragedia).
Más tarde les pregunto cuál es la diferencia de Dr. York respecto del resto de colecciones masificadas que se ofrecen en otros establecimientos comerciales. Me explican que, entre otras cosas, Dr. York atraviesa por una curaduría en la que se seleccionan cuáles son los modelos que estarán presentes y para escoger dichos modelos se siguen ciertos parámetros, entre ellos: que los anteojos –de alguna manera u otra- sean parte de una colección especial (el Dr. York me dice “para un individuo, un producto único que represente su individualidad”). En este sentido los anteojos deben ser piezas únicas o que pertenezcan a una serie reducida en el numero de piezas elaboradas; que sean hechas por marcas independientes (busca darse oportunidad a nuevas marcas); y si bien no tienen problema en vender marcas como Ray Ban o Christian Dior lo que encontraremos en la anteojería no serán los modelos actuales de estas marcas, sino modelos vintage que, según palabras del Dr. York, “seguramente tu papá o tu abuelo tienen unos de esos, pero tú no”. Otro de los parámetros de selección es que al menos uno de los procesos de elaboración sea manual. Esto aunque parezca una nimiedad, ratifica la distancia que se establece entre la propuesta de este lugar y la de otros lugares que venden productos bajo la etiqueta de “únicos” y “alternativos” pero que forman parte de una industria cultural que todo lo masifica.
Sé que dentro de las dinámicas que propone la industria cultural se encuentra la de crear un nicho que venda productos bajo la apariencia de “alternativos” y “contraculturales”, pero esta anteojería se antoja como un concepto honesto al ser congruente con lo que el Dr. York y Leny piensan y proponen. El propio Dr. York me lo dice: “El trato que ella tiene con la gente” me dice mientras observa a Leny “no es por conveniencia; es porque así es, esa es su naturaleza”. Poco después, haciendo referencia a sí mismo, me dice “Me vale madres si parece una pose, pero no lo es, así soy. Este lugar es una calca de quién soy. Algunos me han dicho que mi manera de ser siempre ha sido la de llevar la contraria. Simplemente estoy siendo auténtico”.
La entrevista transcurre como una plática de lo más amena y si bien aquí no se ha escrito todo lo que se habló en ella, puedo decirles mi pronóstico: el lugar, de seguir cómo lo ha hecho hasta el momento, se convertirá en un lugar icónico de la Colonia Roma. En Dr. York encontrarán anteojos de los más diversos estilos y para todos los gustos. El Dr. York me comenta (refiriéndose a los clientes): “no importa si eres hipster, nerd, si no estás definido o lo que sea, aquí hay algo para todos”.
Cabe destacar que, partiendo de una filosofía de retribuir a la sociedad, hay un proyecto en el que por cada anteojo vendido se costeará el examen de la vista y el armazón para niños necesitados. Sin embargo, dejaré que se enteren de los pormenores de esta labor para cuándo visiten la anteojería.
Mientras estoy sentado en mi silla, observo al Dr. York y a Leny y me veo en este espacio que traduce en un lenguaje concreto los gustos y las pasiones de esta joven pareja: la diversidad atípica y variopinta de anteojos, los libros que se venden (tienen una selección interesante de libros que realizó un amigo librero, y que contiene títulos en diferentes idiomas que incluyen a autores como: Pessoa, Kerouac, Barthes, Rusdie y Berger), las fotos, la presencia de una tradición reinterpretada. Afuera llueve y, mientras de las bocinas del local sale la voz de Anthony Kiedis, le pregunto al Dr. York: “Puesto que eres fan de diversas cosas y estamos hablando de anteojos, te preguntaré de personajes que hayan usado anteojos y que te gusten”.
Santos Idiotas: Histórico?
Dr. York: Franklin… [Leny le recuerda su fascinación por John F. Kennedy] y Kennedy. De hecho durante una temporada tuve una fascinación por la historia de la familia Kennedy.
Santos Idiotas: Musical?
Dr. York: Pienso en varios: Dylan, Lennon, Costello, Holly… Por el lado de la música puedo pensar en muchos más.
Santos Idiotas: Literario?
Dr. York: Kenzaburō Ōe. La onda que traía con los anteojos estaba muy interesante.
Santos Idiotas: Ficticio?
Dr. York: Qué chistoso que me preguntes eso… Nunca lo había pensado. [Dr. York le quedó de tarea, esperamos que nos diga].
Dr. York: Por el lado del cine también puedo pensar en varios: obviamente me acuerdo de Woody Allen pero el que más me viene a la cabeza es Martin Scorcese con sus anteojos con bifocales padrotes.
Santos Idiotas: Jajajaja.
Visiten la anteojería en:
Dr. York
Álvaro Obregón 187-B
Col. Roma, Distrito Federal, México
Teléfono 5207-9359
Precios de anteojos: Desde 500 pesos.
http://dr-york.blogspot.com/
@Dr. York
@LenyOrestano