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“Por cultura, el mexicano siempre deja todo al último”

Crónica realizada para el periódico impreso El Universal; ésta apareció mencionada en primera plana el 14 de enero del 2012.

Sin importar el frío, la incomodidad, el hambre o la falta de sanitarios, algunos capitalinos decidieron pernoctar afuera de Módulos de Atención Ciudadana del Instituto Federal Electoral, para poder alcanzar un turno que les permita realizar trámites de expedición o actualización de la credencial de elector.
Este domingo 15 de enero del 2012 será el último día para tramitar la credencial electoral, hecho que ha sacado a cientos de capitalinos de la comodidad y el abrigo de sus camas, para enfrentarse a las frías banquetas de esta urbe.
Algunos llegaron desde las 12 de la noche, como el señor Artemio Soria que pernoctó afuera del Módulo de Atención Ciudadano ubicado en la calle de Tonalá, en la colonia Roma. El señor Soria, que vino a actualizar los datos de su credencial, pasó la noche sin mayor abrigo o comodidad que el que le brindaba su chamarra cazadora. Al preguntarle qué fue lo más difícil de pasar la noche a la intemperie contesta –casi estoicamente- “nada, nomás esperar aquí y el frío, nada más”.
Decenas de personas llegaron a lo largo de la madrugada para formarse en la fila que poco a poco iba convirtiéndose en una suerte de serpiente humana. El objetivo era alcanzar uno de los 500 turnos que empezarían a repartirse a partir de las 8 de la mañana, hora en la que serían abiertas las puertas del Módulo.
En esta fila que crecía conforme avanzaba el tiempo y el sol empezaba a dominar el firmamento podían observarse todo tipo de escenas: personas que venían muy abrigadas y que daban la cara al frío invernal mientras consumían un tamal y un atole; ávidos lectores de periódicos y libros, que se enfrascaban en sus lecturas mientras las manecillas del reloj se acercaban a la hora esperada; jóvenes que convirtieron la fría banqueta en espacio para tomar una siesta; algunos que soltaban bocanadas de humo del primer cigarro del día; otros que navegaban sus smartphones; también estaban aquellos que habían llevado sillas y bancos para poder descansar mientras esperaban; y, por si fuera poco, aquellos que llegaron a la fila con su perro.
Entre la gente se encontraba el señor Rodolfo Cuautle López, tallador en madera y escultor, que llegó a las 5:30 de la mañana para tramitar por primera vez su credencial electoral y poder votar este año. “Llegué temprano, para salir más temprano. Si uno llega más tarde, más tarde sale uno”, comentó. El señor apuntó que el frío, que arrecia entre 6 y 7 de la mañana, fue lo más difícil de esperar en la fila.
Sin embargo, a diferencia de otros se abstuvo de comer un tamal o un atole, puesto que en las inmediaciones no hay sanitarios y opinó que en ese sentido “debería haber un poquito más de consideración a mucha gente que viene”.
Rodolfo Cuautle dijo que esperaba salir entre 9 o 10 de la mañana, pero entendía que todo dependería de cuán ágil fuera el trámite una vez adentro. Recordó que hay que comprender que todo tiene un horario y que realizar trámites puede resultar complicado. Aunque entendía que todos en la fila estaban “un poco desesperados”, dijo que sólo quedaba ser pacientes.
En punto de las 8 de la mañana se abrieron las puertas del Módulo. Minutos después ingresó el escultor, en donde fue recibido para verificar que contara con todos sus papeles originales. Tras la revisión le pidieron que tomara asiento frente a una cámara, para tomar la foto que aparecerá en su credencial. Poco después pasó con un trabajador del IFE, que se encargó de recibir sus documentos y capturar sus datos personales.
Tras un proceso que duró menos de 10 minutos, el señor Rodolfo Cuautle salió del Módulo con una sonrisa y complacido con el servicio amable y eficiente que le brindaron.
Mientras tanto cientos de personas permanecían afuera del Módulo, a la espera de contar con la misma suerte que la del tallador en madera. Algunos comentaron que estaban conscientes de que pudieron haber hecho el trámite antes, con tiempo y sin presiones. La joven contadora Mayela comentó “tiempo sí tuvimos para hacerlo, desafortunadamente por cultura el mexicano deja todo al último. Estoy consciente de que pude haberlo hecho antes”.
Silvia Rodríguez, responsable de Módulo de Atención Ciudadana, recordó que los Módulos estarán abiertos este fin de semana en un horario de 8 am a 8 pm el sábado y el domingo en un horario de 8 am hasta la medianoche.

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Cortometraje independiente que retrata al Centro Histórico de la Ciudad de México como un personaje más de la urbe. Septiembre 2012.

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Recorrido fotográfico a través de la Marcha de las Putas publicado en la revista Santos Idiotas; (México, Distrito Federal, Junio 2011).

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De anteojos y pasiones: Una entrevista con el Dr. York. (Entrevista original publicada en la revista Santos Idiotas).

Crónica y entrevista realizada para la revista Santos Idiotas.

La lluvia ha sumido otra vez a la ciudad de México en un caos aparentemente infranqueable: gotas frías se precipitan sobre esta ciudad gris, mojando todo a su paso y ocasionando que se forme un mar de carros que se arremolina y que enloquece a casi todos. Yo voy en un camión, observando a través de la ventana un universo muy cercano pero que, mientras escucho música y pienso en varias cosas, se antoja bastante lejano del lugar en el que me encuentro: en dónde estoy? En Planeta Ensimismado, pensando en varios personajes que pueden parecer disímiles, acaso dispares unos entre otros: en Hunter S. Thompson (y, de paso, en Spider Jerusalem), en Kennedy, en Warhol, en Gandhi, en Tim Burton, en Keiji Haino y en otros que se me han olvidado y que ya no figuran en esta lista. Quizás algunos de ustedes –a estas alturas- ya se habrán dado cuenta del común denominador entre estos personajes: todos usaban (o usan, Burton y Haino siguen vivos) anteojos. Objetos que se convirtieron –en algunos casos en mayor medida, en otros en menor- en una parte casi inseparable de la imagen construida en torno a estos personajes. Si bien a veces me encuentro absorto en pensamientos como estos sin motivo aparente, en esta ocasión hay un motivo: voy de camino a realizar una entrevista en una anteojería sui generis situada en la Colonia Roma: Dr. York.

Me bajo del camión y camino unos cuántos metros hasta llegar a la anteojería, ubicada en Álvaro Obregón 187 (Local B). En ella me recibe Leny con una sonrisa franca. Tras saludarme me dice: “Ahorita que se desocupe el Dr. York empezamos con la entrevista. Quieres algo de tomar?”. Mientras tanto veo al Dr. York atender a un fan declarado de los anteojos que, por cómo está vestido, me recuerda a un no-erosionado-Keith Richards. Después de tomar un poco de agua y de platicar un rato con Leny (que es esposa del Dr. York y, entre otras cosas, es la encargada de relaciones públicas del lugar) percibo que el Dr. York se acerca a mí, toca mi hombro y me dice “Qué tal?”. Acto seguido estrecha mi mano y prosigue “En un momento estoy contigo” y es que el hombre que me recuerda a Keith Richards sigue diciendo cuáles son los tintes que quiere para las micas de cada uno de los armazones que ha llevado a la anteojería.

Después de un rato el Dr. York se desocupa y me invita a tomar asiento. A primera instancia puede antojarse como alguien serio: está vestido con traje y corbata. Sin embargo, a sabiendas de que hasta ahora todo son primeras impresiones y que las apariencias a veces engañan, los anteojos Ray Ban que lleva puestos lo alejan rápidamente de esa imagen de seriedad y me hacen pensar(lo) como una suerte de Walter Hopps. “Tuve chance de darle un vistazo rápido a su revista y me parece que está muy bien hecha” me dice y cuándo menos me doy cuenta, nuestra plática ya empezó y con ella, la entrevista. Pronto me doy cuenta de que, efectivamente, la imagen del Dr. York está más cercana a la de un joven Walter Hopps que a la de una persona muy seria.

Empieza diciéndome que entre sus grandes pasiones se encuentran la literatura, la música, la historia y los anteojos. Podría decirse que de la convergencia de esas pasiones y de esos intereses surge el concepto de la anteojería Dr. York. “La anteojería es una expresión honesta de lo que somos y de las cosas que nos gustan: me encanta la música y durante todo el día ponemos música que nos gusta, me encantan los anteojos, me gusta trabajar con la gente, me interesan los libros, estamos ubicados en un lugar tan padre y único como lo es la Roma… es un trabajo muy bonito”. Todo esto se hace evidente al entrar en la anteojería: una atmósfera propuesta no sólo por la presencia de una colección atípica de anteojos, sino por la convergencia que logran los libros, las fotos, los cuadros, los instrumentos de óptica, la música y las historias allí presentes.

La anteojería del Dr. York se inserta, desde cierta perspectiva, en una tradición familiar de ópticas (Ópticas York), sin embargo, lo que se vislumbra en este lugar es la reinterpretación que entre el Dr. York y Elena Orestano (Leny) han logrado respecto de dicha tradición. Llama mi atención cómo surgió la idea de traducir dicho concepto en la realidad: originalmente la anteojería iba a ser la primera tienda de la famosa marca Moscot fuera de Estados Unidos. Un breve contacto por parte del Dr. York a través de Twitter se traduciría en conocer, meses después, en New York al famoso Kenny Moscot y al poco tiempo en idear de manera conjunta el proyecto para establecer la primera tienda Moscot fuera de territorio estadounidense. Pero debido a la cualidad impredecible de la vida y a un cáncer imperdonable que acabó con la vida de Kenny Moscot, el proyecto nunca se vería concretado. No obstante, la semilla que había dado origen al deseo de realizar dicho proyecto ya se encontraba allí, lista para germinar. Hecho que me hizo pensar en cómo a veces, por más clisé que pueda parecer, puede haber un nacimiento a través de un hecho desafortunado (que en términos grandilocuentes sería: el nacimiento a través de la tragedia).

Más tarde les pregunto cuál es la diferencia de Dr. York respecto del resto de colecciones masificadas que se ofrecen en otros establecimientos comerciales. Me explican que, entre otras cosas, Dr. York atraviesa por una curaduría en la que se seleccionan cuáles son los modelos que estarán presentes y para escoger dichos modelos se siguen ciertos parámetros, entre ellos: que los anteojos –de alguna manera u otra- sean parte de una colección especial (el Dr. York me dice “para un individuo, un producto único que represente su individualidad”). En este sentido los anteojos deben ser piezas únicas o que pertenezcan a una serie reducida en el numero de piezas elaboradas; que sean hechas por marcas independientes (busca darse oportunidad a nuevas marcas); y si bien no tienen problema en vender marcas como Ray Ban o Christian Dior lo que encontraremos en la anteojería no serán los modelos actuales de estas marcas, sino modelos vintage que, según palabras del Dr. York, “seguramente tu papá o tu abuelo tienen unos de esos, pero tú no”. Otro de los parámetros de selección es que al menos uno de los procesos de elaboración sea manual. Esto aunque parezca una nimiedad, ratifica la distancia que se establece entre la propuesta de este lugar y la de otros lugares que venden productos bajo la etiqueta de “únicos” y “alternativos” pero que forman parte de una industria cultural que todo lo masifica.

Sé que dentro de las dinámicas que propone la industria cultural se encuentra la de crear un nicho que venda productos bajo la apariencia de “alternativos” y “contraculturales”, pero esta anteojería se antoja como un concepto honesto al ser congruente con lo que el Dr. York y Leny piensan y proponen. El propio Dr. York me lo dice: “El trato que ella tiene con la gente” me dice mientras observa a Leny “no es por conveniencia; es porque así es, esa es su naturaleza”. Poco después, haciendo referencia a sí mismo, me dice “Me vale madres si parece una pose, pero no lo es, así soy. Este lugar es una calca de quién soy. Algunos me han dicho que mi manera de ser siempre ha sido la de llevar la contraria. Simplemente estoy siendo auténtico”.

La entrevista transcurre como una plática de lo más amena y si bien aquí no se ha escrito todo lo que se habló en ella, puedo decirles mi pronóstico: el lugar, de seguir cómo lo ha hecho hasta el momento, se convertirá en un lugar icónico de la Colonia Roma. En Dr. York encontrarán anteojos de los más diversos estilos y para todos los gustos. El Dr. York me comenta (refiriéndose a los clientes): “no importa si eres hipster, nerd, si no estás definido o lo que sea, aquí hay algo para todos”.

Cabe destacar que, partiendo de una filosofía de retribuir a la sociedad, hay un proyecto en el que por cada anteojo vendido se costeará el examen de la vista y el armazón para niños necesitados. Sin embargo, dejaré que se enteren de los pormenores de esta labor para cuándo visiten la anteojería.

Mientras estoy sentado en mi silla, observo al Dr. York y a Leny y me veo en este espacio que traduce en un lenguaje concreto los gustos y las pasiones de esta joven pareja: la diversidad atípica y variopinta de anteojos, los libros que se venden (tienen una selección interesante de libros que realizó un amigo librero, y que contiene títulos en diferentes idiomas que incluyen a autores como: Pessoa, Kerouac, Barthes, Rusdie y Berger), las fotos, la presencia de una tradición reinterpretada. Afuera llueve y, mientras de las bocinas del local sale la voz de Anthony Kiedis, le pregunto al Dr. York: “Puesto que eres fan de diversas cosas y estamos hablando de anteojos, te preguntaré de personajes que hayan usado anteojos y que te gusten”.

Santos Idiotas: Histórico?
Dr. York: Franklin… [Leny le recuerda su fascinación por John F. Kennedy] y Kennedy. De hecho durante una temporada tuve una fascinación por la historia de la familia Kennedy.
Santos Idiotas: Musical?
Dr. York: Pienso en varios: Dylan, Lennon, Costello, Holly… Por el lado de la música puedo pensar en muchos más.
Santos Idiotas: Literario?
Dr. York: Kenzaburō Ōe. La onda que traía con los anteojos estaba muy interesante.
Santos Idiotas: Ficticio?
Dr. York: Qué chistoso que me preguntes eso… Nunca lo había pensado. [Dr. York le quedó de tarea, esperamos que nos diga].
Dr. York: Por el lado del cine también puedo pensar en varios: obviamente me acuerdo de Woody Allen pero el que más me viene a la cabeza es Martin Scorcese con sus anteojos con bifocales padrotes.
Santos Idiotas: Jajajaja.

Visiten la anteojería en:

Dr. York
Álvaro Obregón 187-B
Col. Roma, Distrito Federal, México
Teléfono 5207-9359
Precios de anteojos: Desde 500 pesos.
http://dr-york.blogspot.com/
@Dr. York
@LenyOrestano

Notes

Videocrónica realizada para El Universal TV de la arquitectura de una de las colonias más icónicas del Distrito Federal: la Roma.

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Fotografías realizadas para la revista Santos Idiotas de la Anteojería Dr. York

Notes

De trazos panópticos y creación. Una entrevista con Max, creador de Peter Pank y Bardín el Superrealista (Versión Completa. Versión editada, publicada en elfanzine.tv).

Colaboración realizada para el periódico cultural El Fanzine. Aquí comparto con ustedes la versión completa de esta entrevista.


La terraza del Centro Cultural de España se antoja con esa atmósfera íntima, creada por los focos que iluminan tenue e indirectamente las paredes y las mesas. Me acerco hacia una mesa, en la que está sentado el artista al que voy a entrevistar. La escena me recuerda una película de Tarantino: yo acercándome –me imagino todo en cámara lenta, mientras suena de fondo “I gotta Keep on Moving” de The Impressions- con pasos largos hacia la mesa en la que está sentado un hombre maduro, con pelo largo y un poco canoso (décadas de vida y experiencias); está vestido con traje negro y con camisa blanca. Platica con un conocido, y por fin llego a la mesa. El encargado de prensa me presenta. El hombre levanta la mirada, me observa desde la penumbra y me invita a sentar a su lado. Mientras me siento, un hombre se acerca a la mesa. Otro que, como yo, está transgrediendo este momento en el que el artista debería estar compartiendo con familiares y amigos. Al menos eso pienso por unos segundos. Pero claro, una inauguración es para esto: para hablar de la exposición en curso, de la obra, de cualquier otra cosa que a uno se le ocurra o hasta dónde los periodistas le permitan a uno con sus preguntas.

Por fin me siento y veo cómo Max (la otra manera con la que se le conoce al barcelonés Francesc Capdevila, nacido en 1956), el artista del que he estado hablando, platica con el hombre que furtivamente se acercó a la mesa. Intercambian memorias, hablan de viejas amistades en común. Pero es en lo primero que me fijo de Max: de lo afable, sencillo y accesible que es.
Después de un par de minutos voltea a verme. Le digo que es todo un placer conocerlo en persona –cosa que es verdad porque conozco su obra desde hace años- y que trataré no robar mucho de su tiempo porque entiendo que hay otros esperando para compartir con él. “Otros que lo merecen más”, pienso.
Lo que empezó como una entrevista fue evolucionando hasta llegar a otros parajes. Llegué a sentirla más como una conversación: no entre dos amigos (por nada del mundo me daría ese crédito), pero sí como entre dos personas que acaban de conocerse. Y aquí les dejo algunas de las cosas que se platicaron esa noche.

Yo: Quiero que me hable un poco de cómo ha lidiado con el asunto –el gran y terrible lugar común- de dedicarse a la creación y aparte ganarse la vida.

Max: [Risas] Sí, vaya: es un tema muy estresante. Es algo con lo que todo mundo tiene qué lidiar y más cuándo uno se dedica a estas cosas. En mi caso en un principio tuve suerte porque empecé trabajando para la revista Víbora y aunque no ganaba mucho dinero, estaba haciendo lo que me gustaba. Pero tiempo después eso se terminó y tuve qué buscar otras cosas. Encontré un sistema: el de ser ilustrador profesional. La gente empezó a reconocer mi trabajo y gané prestigio a través de los cómics, por lo que empezaron a llegar clientes que buscaban mi trabajo para ilustrar.

Yo: Cómo ha manejado el trabajar y crear para alguien más? De alguna manera siento que al hacerlo se establecen ciertos parámetros que frenan la creatividad, en los que no hay libertad para expresar todo lo que se quiere.

Max: Como parte de mi sistema he establecido algo: el trabajar para clientes y proyectos en los que no vaya en contra de mí mismo. Y, a final de cuentas, soy de lo más profesional. Como si fuera un asesino a sueldo [Risas]. Es broma. Pero en verdad: se trata de ser lo más profesional posible y de hacer trabajos con los que, a pesar de no tener completa libertad, uno se sienta a gusto. Pero también cuándo trabajo para alguien me permito no ser yo al cien por cien. Guardo lo mejor para mí y eso es lo que después plasmo en mis cómics, que es lo más personal.

Yo: También me dedico a la creación y siempre que conozco a alguien que ha dedicado su vida a ello le pregunto lo siguiente: A través de la creación se ha acercado a alguna verdad? Sé que pueden ser verdades relativas, porque están siendo experimentadas desde la relatividad del individuo. Pero desde su experiencia a qué verdad –o verdades- ha llegado?

Max: Vaya, eso es interesante… [Piensa unos segundos]. Algo de lo que me he dado cuenta a través de los años y con lo que he creado es que menos es más. Es encontrar aquello que con lo mínimo se emocione tanto. Otra cosa muy importante para mí es que sin humor no vale la pena nada. Lo otro es que no puedes creer nada del todo. Hay que ser un ateo de todo. Con todo lo que eso implica. Eso me ha hecho ser muy independiente y ser una suerte de lobo solitario. Hay gente que se ofende cuándo les dicen eso, pero no es mi caso.

Me recuerda lo que dijo Groucho Marx: “Jamás aceptaría pertenecer a un club que admitiera como miembro a alguien como yo”. No hay que dejarse intoxicar por lo de afuera.

Max y yo seguimos platicando –robándole más tiempo del que tenía planeado- de otras cosas, entre ellas de nuestro gusto compartido por el taoísmo que, en sus palabras, “es la única filosofía que me habla”. También de cómo el símbolo del Tao le parece “el logotipo perfecto, en el que todo está contenido”. Poco después empiezo a preguntarle respecto de algunas cuestiones relacionadas con la labor creativa del artista y el medio que le rodea.

Yo: Sigue viviendo en Mallorca?

Max: Sí…

Yo: La razón por la que pregunto es la siguiente. Considero que el medio influencia lo que uno crea y quería saber si existe una relación –aparte de otros factores- entre lo que creó estando en Barcelona y lo que crea estando en Mallorca. Porque he observado que su obra ha pasado de no dejar muchos espacios en blanco, a estar más desnuda, más simplificada en sus trazos.

Max: Así es. Mallorca es una isla. Y el pueblo en el que vivo sólo hay 2,000 habitantes. Está bastante aislado. Cuándo llegué a Mallorca venía de la dinámica de Barcelona y en Mallorca me di cuenta que el tiempo fluye de una manera distinta. Allí me di cuenta que podía haber otro tiempo y otra manera de hacer las cosas. Y si te fijas en cómo es el paisaje de Mallorca te darás cuenta de que hay cierta relación entre lo que estoy viendo día con día y lo que estoy creando. Lo que hago es un compendio de diversas cosas y entre ellas está lo que se condensa del medio que me rodea.

La plática continúa durante unos minutos más. Cuándo le pregunto acerca del eterno debate de si el arte tiene una función me contesta: “Sí la tiene, pero no debe ser manifiesta. Tiene una parte que es hacia el propio artista: sanadora, curadora, catártica. Y otra hacia la sociedad: la de plantear interrogantes, pero sin plantear soluciones. Me parece que el arte político, por ejemplo, es un coñazo”. Después empezamos a hablar del posmodernismo y me comenta: “de alguna manera me siento inserto en un posmodernismo”. Acto seguido me dice (con la sencillez que he presenciado hasta el momento): “considero que sin [yo] ser muy vanguardista ni muy experimental, formo parte de una generación y de una corriente que propone”.

Al poco tiempo se acerca alguien más a la mesa. Supongo que es un familiar y sé que ya es momento de partir. Me despido y agradezco por su tiempo.
Max es, junto con la obra que se exhibe en la planta baja del recinto, la figura de la noche. Su obra es el compendio de parajes por los que han viajado su mente y él; de la infinidad de experiencias que ha vivido; y de los trazos que han realizado sus manos. Max es un artista que nunca ha dudado en reconocer sus influencias –dirá: “Son mis maestros, qué menos que reconocerlos”-. Es creador de una obra que ha atravesado diversas etapas y que ha evolucionado: pasando por dibujos que llenaban por completo las páginas –dejando poco espacio vacío- hasta su trabajo más reciente, que se siente desnudo, simplificado pero con una elocuencia incomparable.
Max / Panóptica. 1973/2011 es una exposición que no deben perderse. Hasta el 22 de enero del 2012.


Centro Cultural de España en México,
Guatemala 18 (detrás de la Catedral),
Centro Histórico, Ciudad de México,
06010.

Notes

Video-chronicle made for El Universal TV about an activity held by Lázaro Cárdenas and Andrés Manuel López Obrador | Video-crónica realizada para El Universal TV de una actividad en la que participaron Lázaro Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador.